Ingenieros navales: aseguraos de estar cubiertos

(El post de hoy no es original mío. Es la traducción de este artículo de Rob Almeida en gCaptain, que me pareció muy interesante. Mi agradecimiento al autor por dar su permiso para la traducción y publicación del post.)

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Tras la botadura de un ferry Ro-Ro recién construido, el operador del barco notó una serie de problemas que incluían exceso de vibraciones, falta de maniobrabilidad y falta de capacidad de parada. Además la rampa de carga de vehículos tenía un ángulo excesivo, de manera que la carga de vehículos se hacía difícil, si no imposible en algunos casos.

Una subsiguiente varada de urgencia confirmó lo obvio: el ingeniero naval que diseñó el barco hizo un trabajo realmente horroroso.

Según el Club de Agentes de Transporte Internacional (ITIC, International Transport Intermediaries Club), la organización que gestionó esta reclamación, el contrato de diseño entre el ingeniero naval y la compañía limitaba la responsabilidad del ingeniero en unos 660.000 EUR. Por desgracia para la compañía, corregir los problemas de diseño antes de la temporada de verano le iba a costar más de 3,1 millones.

Finalmente el caso se resolvió por algo menos del límite de responsabilidad marcado en el contrato.

En otro caso del que el ITIC informó, un ingeniero naval firmó un contrato con un astillero para diseñar la estructura y disposición de los accesos de unos botes salvavidas nuevos, con sus pescantes, que iban a ser instalados en un barco determinado. El ingeniero realizó los cálculos de diseño utilizando datos entregados por el fabricante de los botes, y dibujó los planos de diseño.

Se sobreentendía que el astillero debía ocuparse de la aprobación del diseño por parte de la sociedad de clasificación como paso previo a los trabajos de construcción, tal y como especificaba el contrato entre el astillero y el armador. Sin embargo, debido a la fijación de plazos y a la presión por parte del armador, el astillero decidió empezar la construcción antes de obtener la aprobación de clase.

El astillero construyó e instaló la estructura de soporte de los botes siguiendo el diseño del ingeniero naval, pero en seguida se dieron cuenta de que los pescantes flexaban al trabajar, incluso sin los botes colgados.

Una investigación interna en la oficina técnica del ingeniero naval determinó que se había cometido un error al procesar la información, suministrada por el fabricante de los botes, con el software usado por el ingeniero; como resultado los cálculos habían salido mal por un factor de 1000. Este error no se detectó en el proceso de aseguramiento de calidad del ingeniero y, como consecuencia de ello, la plataforma estructural que se diseñó y construyó no era adecuada para su propósito.

El astillero puso una queja formal, anunciando al ingeniero que los trabajos en la estructura de soporte del pescante se debían rectificar debido al error. Unos meses más tarde calcularon que la rectificación había costado 473.000 EUR. ITIC llevó la reclamación y además pudo alegar que los términos del contrato excluían algunos componentes de la reclamación, y que el astillero no debería haber empezado la construcción antes de que la sociedad de clasificación hubiera aprobado los planos. Finalmente se llegó a un acuerdo por una cifra de aproximadamente 350.000 EUR.

Por supuesto los ingenieros navales cometen fallos. Esa es una de las buenas razones por las que existen tanto las sociedades de clasificación como las comprobaciones asociadas y el contrapunto que ofrecen; sin embargo estas no son una red de seguridad para todos los problemas que puedan surgir, como demuestran los casos anteriormente descritos.

El ITIC, dirigido por el grupo de inversión y seguros Thomas Miller – al que también pertenece el UK P&I Club – hace notar que estas recientes reclamaciones demuestran la importancia que deben dar los ingenieros navales a asegurarse de que disponen de una cobertura suficiente para quedar protegidos frente a su exposición a responsabilidades por los daños derivados de errores en los diseños.

Además estas reclamaciones deberían servir también para recordar a los ingenieros navales que deben revisar a conciencia su trabajo.

(Imagen por el traductor.)

Acerca de bruno

Ingeniero naval; en las playas de Esqueria, me entretengo empezando castillos en el aire. Escribo, exploro, nado, insisto.

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