De aviones desaparecidos y barcos fantasmas

39 radar
A todos nos sorprende que un avión pueda desaparecer sin dejar rastro (aunque todos hemos usado alguna vez el viejo truco de volar por debajo del radar). Al hilo del extravío del avión malasio hace más de una semana, y que ni aparece ni se tiene idea alguna de por dónde puede andar, rescato la historia de un barco fantasma que lleva unos cuantos meses vagando por el Atlántico Norte.

Se trata del Lyubov Orlova, un barco de crucero de 100m de eslora. (Se pueden encontrar fotos y más información del barco aquí.)

En enero de 2013, el barco estaba siendo remolcado desde Terranova hacia la República Dominicana, donde iba a ser desguazado; al poco de partir, se rompió el cable de remolque y el barco quedó a la deriva. El dispositivo de búsqueda que se activó no consiguió localizarlo, y finalmente se dio por perdido.

En junio de 2013 se recibió la última señal de la radiobaliza de emergencia, desde un punto a unas 700 millas de la costa irlandesa. En caso de seguir a flote, la previsión es que las corrientes lo lleven hacia las Islas Británicas, o hacia Barbados, o incluso que quede atrapado en el giro del Atlántico Norte. ¿Quién puede prever la derrota de un barco fantasma? El caso es que, hace un par de meses, en el periódico más-que-sensacionalista The Sun, peliculeros ellos, se liaron la manta a la cabeza, y titularon que un barco fantasma infestado de ratas caníbales había puesto rumbo a las costas británicas. Podéis leer la historia completa aquí.

Un barco es fácil de ver desde el aire… si sabes dónde buscar. Pero peinar una zona del océano con un avión o un helicóptero para encontrarlo, es casi imposible. Igualmente, ni siquiera un superpetrolero es suficientemente grande como para ser encontrado por un satélite, por lo que esa tampoco es una opción. (¡En caso contrario, la lucha contra la piratería y contra la pesca ilegal haría mucho tiempo que estaría ganada!)

Los guardacostas irlandeses ensayaron un método alternativo para localizar el barco: usaron el radar para localizar cuantos barcos pudieran; aquél que no tenía el AIS activado era susceptible de ser el barco fantasma; pero resultó ser un pesquero ilegal.

En cualquier caso, sirvan ambas historias para recordarnos todas las cosas buenas que nos aporta la tecnología: AIS, radares, satélites con cámaras de fotos con una resolución increíble…; y como todos estos medios, de vez en cuando, deben enmudecer frente a la inmensidad del océano.

(Imagen de portada: clipart de pantalla de radar; de dominio público, obtenida aquí.)

Acerca de bruno

Ingeniero naval; en las playas de Esqueria, me entretengo empezando castillos en el aire. Escribo, exploro, nado, insisto.

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